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Dolor de oídos buceando: qué hacer y evitar

Dolor de oídos buceando: qué hacer y evitar

14 oct
5 min de lectura

El dolor de oídos buceando no es una prueba de valentía ni una incomodidad que debas aguantar para ver el arrecife. Es una señal de que la presión no se está equilibrando correctamente. En San Andrés, donde cada metro de descenso abre la puerta a un maravilloso mundo subacuático, saber escuchar a tu cuerpo es parte esencial de una inmersión segura y disfrutable.

La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, puede prevenirse con técnica, calma y una decisión sencilla: descender solo cuando tus oídos lo permitan. Tanto si vas a vivir tu primer Discovery Scuba Diving como si ya tienes certificación, esta guía te ayudará a entender qué ocurre y cómo actuar.

¿Por qué aparece dolor de oídos buceando?

Al bajar, la presión del agua aumenta. El oído medio es una cavidad con aire situada detrás del tímpano y necesita recibir aire adicional para compensar esa presión externa. La trompa de Eustaquio, un pequeño conducto que conecta el oído medio con la parte posterior de la garganta, permite ese equilibrio.

Si el aire no entra con suficiente facilidad, el tímpano se desplaza hacia dentro y aparece presión, molestia o dolor. Esto se conoce como un problema de ecualización y, si se insiste en bajar, puede derivar en un barotrauma de oído. No hace falta descender mucho para notarlo: los primeros metros son precisamente los más exigentes para la compensación.

La congestión por resfriado, alergias, sinusitis o cambios recientes en tu estado de salud puede hacer más difícil abrir la trompa de Eustaquio. También influyen la prisa, el nerviosismo, una técnica incorrecta o esperar a sentir dolor para intentar ecualizar.

La regla que protege tus oídos: ecualiza antes de que duela

La ecualización debe comenzar en superficie y repetirse con frecuencia durante el descenso. No esperes esa sensación de presión intensa. Hazlo de forma suave, continua y preventiva, especialmente en los primeros metros.

La técnica más conocida consiste en pinzar suavemente la nariz, cerrar la boca y soplar con delicadeza, como si quisieras empañar unos lentes sin forzar. Algunas personas prefieren tragar saliva, mover la mandíbula como si masticaran, adelantarla ligeramente o combinar esos movimientos con una maniobra suave de compensación. No todas las técnicas funcionan igual para todas las personas, por eso la práctica guiada antes de entrar al agua marca una diferencia real.

En un minicurso o en los programas PADI Open Water Diver, el instructor revisa estas habilidades antes del descenso. No es un detalle teórico: es una herramienta de seguridad. Los grupos reducidos permiten avanzar al ritmo de cada participante y detenerse cuando alguien necesita un momento adicional para sentirse cómodo.

Desciende despacio y con buena posición

Bajar demasiado rápido complica todo. Mantén una posición vertical o con la cabeza ligeramente elevada, observa a tu compañero y utiliza una referencia visual o una línea cuando las condiciones lo permitan. Esta postura suele facilitar la compensación frente a descender cabeza abajo.

Ecualiza cada poco tiempo, incluso si todavía no sientes presión. Si una técnica no funciona de inmediato, no luches contra ella. Detente, mantén la calma y prueba movimientos de mandíbula o deglución antes de continuar.

Qué hacer si sientes dolor bajo el agua

La respuesta correcta es clara: detén el descenso. Comunica a tu compañero o guía la señal de problema con los oídos y asciende unos metros, lentamente, hasta el punto en que la molestia disminuya. Desde allí, intenta ecualizar sin aplicar fuerza.

Si logras compensar y desaparece por completo la incomodidad, podrás continuar muy despacio, siempre que te sientas bien y el profesional a cargo lo considere adecuado. Si el dolor persiste, vuelve a ascender y finaliza la inmersión. El arrecife seguirá allí. Forzar un descenso puede convertir una experiencia que debía ser memorable en una lesión evitable.

Nunca intentes compensar soplando con mucha fuerza. Tampoco continúes bajando "a ver si se destapa" ni aceptes presión externa para seguir al grupo. Un buen compañero y un buen instructor entienden que cada buzo tiene su propio ritmo. La seguridad no se negocia por llegar primero al fondo.

Cuando el problema ocurre al subir

Aunque es menos frecuente, también puede haber dolor durante el ascenso. En ese caso, no subas de forma precipitada. Detente o desciende un poco si hacerlo alivia la presión, respira con normalidad y avisa a tu guía. A veces puede producirse un bloqueo inverso: el aire del oído medio se expande, pero no sale con facilidad.

No intentes resolverlo con maniobras fuertes. El ascenso debe mantenerse lento y controlado, siguiendo las indicaciones del profesional. Este es uno de los motivos por los que bucear acompañado y respetar los procedimientos establecidos aporta tanta tranquilidad, incluso en inmersiones aparentemente sencillas.

¿Se puede bucear con gripa, alergia o congestión?

Depende de tus síntomas y de la recomendación médica, pero la opción prudente suele ser no bucear si estás congestionado. Una nariz parcialmente bloqueada puede parecer manejable en superficie y convertirse en un problema a pocos metros de profundidad. Además, la congestión puede cambiar durante la inmersión y dificultar tanto el descenso como el ascenso.

No uses descongestionantes como una solución automática para poder entrar al agua. Pueden tener efectos secundarios, desaparecer antes de terminar la actividad o enmascarar una condición que merece descanso. Si tomas medicamentos, tienes antecedentes de problemas de oído, has tenido cirugía otológica o padeces alergias intensas, consulta previamente con un profesional de salud familiarizado con medicina del buceo.

Dormir bien, hidratarte, evitar bucear tras una noche de excesos y avisar con honestidad sobre cómo te sientes son decisiones pequeñas que protegen una gran experiencia. Un operador responsable preferirá reprogramar una inmersión antes que exponerte a una lesión.

Señales para no volver al agua ese día

Tras una inmersión, una leve sensación temporal de oído tapado puede ocurrir, pero el dolor intenso o persistente no debe ignorarse. Suspende nuevas inmersiones y busca valoración médica, idealmente con un profesional que conozca el buceo, si tienes dolor que no mejora, pérdida de audición, zumbido, mareo, vértigo, salida de líquido o sangre por el oído, náuseas importantes o desequilibrio.

El vértigo bajo el agua es especialmente serio porque puede afectar la orientación. No trates de compensarlo por tu cuenta ni regreses a bucear hasta recibir una evaluación y autorización adecuadas. Volver demasiado pronto puede agravar una lesión y prolongar la recuperación.

También conviene evitar introducir objetos, gotas caseras o hisopos en el oído sin indicación profesional. El problema puede estar detrás del tímpano, donde nada de eso ayudará. La mejor decisión es protegerte, registrar lo que sentiste y pedir orientación clínica.

Prepararte bien cambia la experiencia

El buceo no consiste en soportar molestias para alcanzar una profundidad determinada. Consiste en aprender a moverte con calma, respirar, observar y responder correctamente ante cualquier cambio. Por eso una formación estructurada es valiosa para principiantes y buzos que quieren avanzar hacia Advanced Open Water, Rescue Diver o especialidades.

En Sea Pride Scuba, la atención personalizada y los protocolos de seguridad están pensados para que descubras San Andrés con confianza, sin convertir el ritmo de otro buzo en tu obligación. Antes de entrar al agua, informa si has tenido congestión, dolor previo o dificultades para ecualizar. Esa conversación ayuda al equipo a acompañarte mejor desde el primer ejercicio hasta la inmersión.

Tu primer pez loro, una pared coralina o la luz azul filtrándose entre los arrecifes se disfrutan mucho más cuando llegas cómodo, tranquilo y preparado. Si tus oídos piden parar, párate: el mar recompensa a quienes lo exploran con paciencia.

 
 
 

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